En la recta final del año, cuando la cocina se llena de preparaciones cálidas, colores profundos y sabores festivos, surge un ingrediente que suele pasar desapercibido pero que merece un lugar central en la mesa: la flor de calabaza. Ligera, aromática y con un delicado sabor vegetal, esta flor es parte esencial del recetario mexicano y, sin embargo, pocas veces la consideramos para los menús de fin de año. Hoy más que nunca, vale la pena recuperarla.
La flor de calabaza es uno de esos productos que parecen indiferentes, pero en realidad son versátiles, nutritivos y extraordinariamente maleables en la cocina. Su temporada se extiende hasta inicios del invierno —dependiendo de la región— lo que la convierte en una alternativa perfecta para cerrar el año con un toque fresco en medio de tantas preparaciones pesadas.
Receta de temporada: Crema tibia de flor de calabaza con elote y toque de chile poblano
Una receta perfecta para una cena de invierno: ligera, aromática y con un perfil cálido que abraza.
Ingredientes (4 porciones):
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2 tazas de flor de calabaza fresca, limpia
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1 elote desgranado
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1 chile poblano asado y sin piel
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1/2 cebolla blanca picada
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1 diente de ajo
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2 tazas de caldo de verduras
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1 taza de leche o bebida vegetal sin azúcar
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1 cucharada de mantequilla o aceite
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Sal y pimienta al gusto
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Opcional: crema, queso fresco desmoronado o semillas de calabaza tostadas para decorar
Preparación:
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Sofríe la cebolla y el ajo en mantequilla hasta que estén transparentes.
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Agrega la flor de calabaza y el elote, cocina hasta que la flor se marchite ligeramente.
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Añade el chile poblano, el caldo y la leche; cocina por 10 minutos.
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Licúa hasta obtener una crema tersa y regresa a la olla. Ajusta con sal y pimienta.
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Sirve tibia y decora con crema, queso fresco o semillas tostadas.
Es una entrada perfecta para una cena navideña, una comida de Año Nuevo o para sorprender invitados con un sabor sutil pero profundo.